Dios abrió su ventana un día, nos dió todo lo que ahora gozamos y tenemos. A lo largo del tiempo de la vida, bajo este sol han pasado miles de millones de años y tantas generaciones; como para que su figura se haya enseñoreado en su Reyno. Y, aquí estamos; saboreando la destrucción que su criatura preferida, -el hombre- ha hecho sobre este planeta.
Él, ha destruido en un segundo; -literalmente- lo que la naturaleza tardó millones de años en hacer. Deforestación, desertificación, desertización, gases invernadero, polución para todos los gustos, deshielos y con ello el aumento del nivel de las aguas del mar.
Atrás han quedado todos los acuerdos sobre protección del medio ambiente. Parece paradójico, pero es real; contaminan los más grandes y los chicos, pagan. Ellos han agotado los combustibles fósiles y ahora se lanzan hambrientos, sobre las reservas de gas del mundo,último recurso energético.
Las potencias del mundo, como galgos han despertado a la energía atómica, desterrada desde la guerra fría y que ahora amenaza con apoderarse de potencias emergentes y que a su vez, ponen en peligro la paz mundial.
Y Dios, el dueño de la vida, ¿cómo creen que debe de sentirse?. Claro; es benévolo dirán, misericordioso, bondadoso y comprenderá. Exacto; pero, ¿estarán los contaminadores listos para su juicio?. ¿Se habrán arrepentido?.
No lo creo; pero está escrito, que el crujir y el rechinar de dientes, no es un cuento y que está "ad portas". Ójala, recuerden, que ellos, -los malos-; se ganan la eternidad, pero ardiente.
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